Contra todo pronóstico, y a pesar de las opiniones recogidas en la última encuesta de Metroscopia, dar un curso de odontologia es más bonito que un gato. Que todos los gatos. Así lo ha confirmado la eminente doctora Muelas, tras un elaborado estudio por pares y doble ciego publicado en The Lancet.

¿Es más bonito un curso de higienista dental que un gatito?

–En nuestros estudios clínicos hemos comprobado que, en un ambiente controlado, la vista de una boca abierta a lo caimán puede llevar al éxtasis al estudiante de un máster de odontología. Una maloclusión de clase III es de tal belleza que provoca desmayos en el 50 % de los estudiantes de un curso de ortodoncia. Lo que viene a ser, más o menos, la mitad. Y si está acompañada de periodontitis avanzada, el 86 % de los alumnos del máster de implantología caen en un estado similar al del síndrome de Stendhal –comentó la doctora en la entrevista.

Un estudio que revoluciona el canon de belleza

El laboratorio clínico en el que trabaja el equipo de la doctora Muelas está lleno de sillas de dentista y multitud de pacientes que abren la boca. Los participantes en el estudio pasan y miran esas fauces, monitorizados con cables. «Medimos el ritmo cardíaco, la sudoración, la actividad neuronal… es como la máquina de la verdad», comenta uno de los estudiantes de posgrado que colaboran con la doctora Muelas. Los ayudantes toman notas y observan el grado de satisfacción, placer y gozo de los participantes.

En el laboratorio trabajan así, midiendo variables de belleza en la afección bucal. Y lo comparan con otras obras de arte. Las reacciones subconscientes no mienten. La promesa de una buena osteointegración hace salivar un 17 % más que una jugosa hamburguesa de foto de hamburguesería. Y la placa bacteriana en la pieza 23, curiosamente, tiene más aceptación que el olor de los gofres y las palomitas.

–Sabemos que un diente con caries radicular es más bonito que una rosa escarchada de rocío, pero menos que un atardecer observado desde un globo aerostático.

Los gatitos, en entredicho

Dice la doctora Muelas que los motivos de este goce no están claros. Pero que si la belleza se mide por nuestras reacciones ante lo bello, ante los datos obtenidos solo queda por aceptar que la odontología es una de las artes más hermosas. Y, por lo tanto, un curso de odontología es adentrarse en la esencia de lo bonito.

¿Pero cómo de bonito es un curso de odontologia?

La doctora Muelas responde:

–La sala de contraste nos sirve como patrón del comportamiento basal. En ella sometemos a los participantes a la visión de vídeos de gatitos. Uno tras otro. Se parten, se encariñan, se mueren de amor… pero no es lo mismo. Los biorritmos no mienten: los gatos no son tan bonitos como un curso de odontología. Eso rompe con todo lo conocido hasta ahora. El paradigma siempre ha impuesto que no hay nada más tierno que un gatito amasando un cojín con carita de sueño. Pero nosotros aquí sabemos que no es verdad: la pulpa dentaria es más tierna.

 

A cualquier profano le daría la impresión de que en los estudios de la doctora Muelas lo que se demuestra es que los estudiantes de cursos y másteres de odontología son, en realidad, raritos. Incluso crueles. La doctora lo desmiente:

–Es una leyenda urbana, y podemos demostrarlo. Nuestros participantes no gozan con el dolor de muelas ajeno. Porque hemos descubierto que lo que más les altera el corazón, lo que de verdad los enamora, es la visión de una prístina, brillante, radiante y blanca dentadura perfecta, inmaculada, alineada, de encías fuertes y rosadas, y sonrisa refulgente. Ven eso y se ponen a bailar tango.

Una hipótesis es que los odontólogos, aunque enloquecen viendo una dentadura perfecta, ante una boca dañada no solo ven los desperfectos, sino también una imagen virtual de cómo será esa boca en el futuro, cuando ellos intervengan. La placa y las caries, limpiadas y selladas. Las piezas faltantes, resucitadas con implantología. Los desvíos y torcimientos, enderezados con ortodoncia. Cuanto peor está la boca, más maravilloso les parece lo que van a hacer y más se les altera el pulso.

–El odontólogo es un visionario. Observa, mide, calcula y es capaz de vaticinar cómo quedará la boca del paciente. Una persona que podrá volver a masticar, dejará de tener molestias y mejorará su calidad de vida. Pero cualquiera puede imaginarse una boca perfecta. Lo que pasa es que el odontólogo sabe cómo va a hacerlo, tiene el conocimiento y la preparación, y se deleita pensando en la auténtica magia que va a llevar a cabo. Cuando uno de nuestros objetos de estudio mira una boca abierta de par en par, es como un brujo dándole vueltas al caldero. Pero en bonito.

En la redacción tenemos muy claro que el paradigma gatuno puede tambalearse. Queda por ver cómo reaccionarán los millones de practicantes del gatolicismo de todo el mundo. Son muchos y están muy convencidos.

La gatunidad podría reaccionar

«Mi gato nunca se ríe o lamenta, siempre está razonando», dijo Unamuno. Y es verdad. Están maquinando algo. Según los expertos, desde su cuartel general en el planeta Pelusonia IV, los gatos observan con deleite cómo los humanos hemos caído en sus zarpas. Detrás de esos morritos tan simpáticos, esas graciosas orejas giroscópicas y esa actitud perezosa, juguetona y curiosa a partes iguales, se encuentra un taimado plan para conquistar el mundo. Y parece que no les va mal.

–No es descabellado pensar que solo quieran esclavos humanos que les rasquen la barriguita peluda –sugiere Hans García, experto en gatos y geopolítica–. Si es así, y nada indica lo contrario, las conclusiones de la doctora Muelas podrían llevarnos a la catástrofe. Las intenciones de los gatos exigen un plan muy complejo y lleno de bolas de pelo, pero no es imposible de llevar a cabo.

«Han encontrado su mejor aliado en internet», apunta García. Gatos, gatos y más gatos. Cientos de miles, millones de personas, se pasan horas mirando vídeos de gatos haciendo cosas de gatos, riéndose sin parar mientras se derriten sus corazones de puro amor. Ahora bien, ¿y si es una estrategia fríamente calculada para tenernos embobados delante de la pantalla? ¿No será un plan para difundir la palabra gatuna por toda la Tierra?

–Decía el escritor Terry Pratchet, y es verdad, que:

«En el pasado, los gatos fueron adorados como dioses y todavía no lo han olvidado».

En la Edad Media se les echó la culpa de todo. Ahora han vuelto para conquistar el mundo.

Muchos gatólicos se niegan a aceptar que los cursos de odontología son más bonitos que sus gatitos. Las primeras reacciones han sido de escepticismo, aunque empiezan a verse algunos grafitis reivindicativos firmados por Félix el Gato que hacen temer por la paz en el mundo. «Ningún curso de higienista dental es más bonito que mi Calcetines», dice una pintada en Barcelona.

curso de odontologia es más bonito que un gato

Hay sitio para el entendimiento entre curso odontologia y gatitos

–Comprendemos las dudas sobre el futuro. Pero creemos que es compatible amar la odontología y los gatos –comenta la doctora Muelas–. Al fin y al cabo, ¿quién no desea una boca sana y bonita? Hasta el mayor amante de los gatos lo quiere.

«Puedes ver vídeos de gatitos, pero ¿compensa reírse tapándose la boca porque tienes los dientes como las teclas de un piano viejo?»,

comenta Hans García. Lo cierto es que los datos no engañan y cada año entre 300 000 y 400 000 personas acuden a la implantología en España.

Muchos de ellos son amantes de los gatos.

La implantología es una disciplina con futuro. «No es necesariamente una traición a los gatos, es una muestra de que ambas culturas pueden coexistir. Un enamorado de los gatos puede apreciar la belleza de la odontología. La sonrisa que tiene al acabar su tratamiento lo demuestra».

La doctora Muelas comparte esa opinión:

«No tardaremos en ver cientos de miles de vídeos de odontología en YouTube para divertirnos. Dientes, implantes, higiene dental y odontólogos haciendo cosas de odontólogos. No hay nada más bonito. Poco a poco los gatitos irán quedando atrás. Pero ambas cosas pueden convivir».

Algunos analistas sugieren que, para evitar la ira de los gatos rechazados, sean sometidos a la visión de bocas abiertas. Cabe la posibilidad de que los gatos tomen cursos de posgrado y másteres de disciplinas odontológicas, como un máster de ortodoncia, de manera que aprendan que no hay nada más bonito. La posibilidad de que en el futuro haya gatos dentista parece remota.

«Es dudoso que un odontogato pueda ejercer, a la menor ocasión se pondría a cazar pelusas y a correr detrás de una luz».

Pero que aprendan odontología podría calmar su venganza felina por dejar de ser el centro del mundo.

La odontología, una carrera con futuro

Necesitamos más odontólogos humanos, los auténticos apreciadores de la belleza. Un ejército de implantólogos e higienistas que llenen de felicidad la boca de todas las personas del mundo.

Solo con la mejor formación teórica y práctica podrán conseguirse sonrisas. Las que frenen las ansias de conquista de los gatos.

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