¿Sabía que su bebé también puede tener caries dental? ¡Le explicamos cómo cuidar los dientes de su hijo!

 

A menudo asociamos la caries dental a personas adultas con mala higiene bucal, y a la ingesta de alimentos que socialmente están vistos como cariogénicos (gominolas, chicles con azúcar, etc.). Y aunque es cierto que tanto la mala higiene bucal como los alimentos con mucha cantidad de azúcares refinados son, la mayoría de veces, sinónimo de presencia de caries, no sólo estos son factores determinantes en la aparición de esta enfermedad.

 

Qué es la caries

En primer lugar, conviene explicar qué es la caries en el cuidado dental en la infancia. Estamos delante de una enfermedad causada por diferentes tipos de bacterias presentes en nuestra cavidad bucal. La actividad de las bacterias cariogénicas provoca una desmineralización de los tejidos duros del diente, siendo estos disueltos y creándose un proceso de destrucción dental progresivo, desde la superficie del diente hasta la parte más interna. Si este proceso no se frena a tiempo y la caries dental llega a las capas internas, las bacterias van a infectar el paquete vasculonervioso del diente, provocando dolor y siendo necesaria la desvitalización de la pieza, lo que socialmente se conoce como “matar el nervio”.

La boca, en el cuidado dental en la infancia es de las únicas partes del cuerpo que está en contacto continuo con el exterior. Además, debido a la alimentación, es una cavidad en la que se depositan restos de alimentos asiduamente, los cuales son una perfecta fuente de nutrición para las bacterias que habitan en ella. Las bacterias responsables de producir la caries dental se alimentan a base de azúcares, por tanto, es obvio afirmar que el mejor método para prevenir la caries es tener una correcta higiene oral y reducir al máximo la ingesta de azúcar, sobretodo de los azúcares refinados.

Pero todo depende exclusivamente de nuestra higiene oral y de si comemos o no azúcar? Pues bien, podemos decir que, aunque sí que es cierto que son dos pilares fundamentales en la aparición de caries dental, hay otros factores que también influyen en la aparición de esta enfermedad. Básicamente, podemos hablar de que deben entrar en escena tres  factores de riesgo para que aparezca la enfermedad. Estos son: la bacteria cariogénica, una persona o diente susceptible y un medio favorecedor. Cuando hablamos de susceptibilidad personal, nos referimos, básicamente, a la “calidad” del esmalte dental, al tipo de saliva, a la respuesta inmune del individuo y al comportamiento o actitudes de este. Mientras que cuando hablamos del medio, nos referimos al tipo de dieta y a los factores socioeconómicos y culturales.

 

Factores de riesgo

Por tanto, para prevenir la caries en el cuidado dental en la infancia habrá que incidir en cada uno de los factores de riesgo, y esto significa que:

  • Hay que reducir el número de bacterias cariogénicas con un buen método de higiene oral.
  • Hay que disminuir la susceptibilidad de los tejidos dentales y favorecer su remineralización en estados iniciales de la enfermedad. Estos lo conseguimos gracias a la acción del flúor. Por eso es importante utilizar pastas dentales que contengan este elemento en más o menos concentración según el nivel de riesgo de cada individuo.
  • Controlar la dieta, que suele ser el factor de mayor riesgo y más complicado de controlar. No obstante, cuando hablamos del tipo de alimentación no sólo nos referimos a la disminución de azúcares. Sino que hay otras consideraciones a tener cuenta.

Por ejemplo, que todos los alimentos o bebidas con pH ácido van a favorecer la erosión dental, que indirectamente va a favorecer la aparición de caries por debilitar la estructura dental. O que estos alimentos provocan una acidificación del medio oral, creando un medio más idóneo para la supervivencia de las bacterias cariogénicas. Por eso, a parte de alimentos y bebidas azucaradas, hay que controlar el consumo de bebidas carbonatadas, vinagre, limón, sidra, etc.

Además, son numerosos los estudios que demuestran que la obesidad está relacionada con una disminución de la actividad inmune del organismo.

Como recomendaciones alimentarias básicas para prevenir la caries, podemos decir que:

  • Hay que reducir el consumo de azúcar por debajo de 50 gramos al día.
  • Hay que reducir, además de la cantidad, la frecuencia de consumo de azúcar y productos dulces. Ya que es mucho peor picar cosas dulces entre horas, que comerlas mientras realizamos las comidas principales, por haber más cantidad de saliva y el poder remineralizante y protector de esta.
  • Hay que reducir el consumo de alimentos enganchosos, ya que se adhieren a la superficie dental y son complicados de retirar con la lengua o con el cepillado.
  • Es aconsejable substituir el azúcar por edulacorantes no cariogénicos.
  • Comer chicles sin azúcar entre horas ayuda a mantener niveles altos de saliva en boca, siendo esto beneficioso para la protección contra la aparición de caries.
  • Es muy importante la educación social, en cuanto a normas de higiene y prevención de enfermedades bucales se refiere. Realizando campañas en colegios enseñando las técnicas de cepillado, por ejemplo, e inculcando a la población a tener a una visita de control con su odontólogo de confianza cada 6 meses.

 

Cuidado bucal de los pequeños

Y una vez sabemos qué es la caries y cómo podemos prevenirla, vamos a centrarnos en el cuidado bucal de los más pequeños. En primer lugar, hay que saber que los niños al nacer no tienen presencia de bacterias cariogénicas en boca. Estas van a colonizar la cavidad oral, principalmente, a través de los cuidadores más cercanos del niño, aunque también pueden transmitirse en la guardería, etc. Los niveles maternos y paternos de bacterias cariogénicas van a influir, por tanto, en los niveles de bacterias del niño. De esta manera, podemos llegar a la conclusión de que es importante cuidar tanto nuestra higiene bucal como la de nuestros hijos y que, sabiendo que la saliva es el método de transmisión de las bacterias cariogénicas, es totalmente desaconsejable chupar objetos (chupetes, helados, etc.) que vayan a chupar nuestros hijos posteriormente.

No obstante, aunque sí que podemos tratar de disminuir o retardar esta colonización bacteriana, es imposible evitarla. Por lo tanto, es muy importante que empecemos con la educación en higiene oral de los niños cuanto antes. Se considera que la primera visita al odontopediatra debería realizarse al año de edad, que es, aproximadamente, cuando el niño tendrá erupcionados los incisivos anteriores (4 arriba y 4 abajo). Es en esta visita cuando el profesional instruirá a los padres sobre las medidas de higiene oral.

Durante los primeros meses de vida, cuando aún no han erupcionado los dientes, podemos realizar la higiene oral con una gasa humedecida. De esta manera, instauraremos el hábito desde bien pequeños y, además, aplicando cosas fresquitas mitigaremos el dolor causado por la erupción de los dientes temporales.

 

Cuidado dental en la infancia

Niños de 3 años

Una vez empiezan a erupcionar los primeros dientes de leche y en niños de menos de 3 años, los padres deberán realizar el cepillado, un mínimo de dos veces al día y, sobretodo, antes de irse a dormir. La mejor técnica para llevar acabo el cepillado es colocarse detrás del niño, con el niño sentado en la falda y mirando ambos en la misma dirección. Debemos prestar especial atención a la arcada superior, que es donde suelen aparecer las primeras caries, elevando los labios para comprobar que no existen manchas en los dientes. Hasta los 3 años no usaremos dentífricos, ya que a esta edad los niños no toleran bien ni el sabor ni la espuma y, además, no tienen un buen control de la deglución. La única excepción sería en niños con elevado riesgo de caries y siempre recomendado por el odontopediatra.

 

Niños de 3 a 6 años

En niños de 3 a 6 años de edad, es importante hacerlos partícipes en el proceso de higiene bucal.  Primero realizarán el cepillado los padres, sin pasta. Seguidamente, lo realizará el niño, imitando a los padres, con un poquito de pasta (cantidad similar al tamaño de un guisante). Los dentífricos específicos para esta edad deben contener bajas concentraciones de flúor (alrededor de 500ppm).

 

Niños mayores de 6 años

En niños mayores de 6 años, deben ser ellos quienes adquieran progresivamente una responsabilidad mayor sobre su higiene, aunque siempre supervisados por los padres. Usarán dentífricos fluorados y, poco a poco, deberán ir introduciendo la seda dental en su higiene diaria.

No obstante, ya hemos explicado que la aparición de la caries no sólo depende de la presencia de bacterias, sino que también se necesitan unos dientes susceptibles y un medio favorecedor. Por lo tanto, en los niños habrá que aplicar las mismas medidas que comentábamos anteriormente. Además de realizar una buena higiene oral, es muy importante el control de la dieta, suprimiendo al máximo los azúcares refinados y, más aún, si son consumidos en formato enganchoso o en formato zumo (zumos industriales, chuches, sugus, yogures bebidos), y las bebidas o alimentos ácidos (sobretodo, bebidas carbonatadas, que además de ser ácidas, suelen contener grandes cantidades de azúcar). En ocasiones, se pueden aplicar fluorizaciones profesionales en niños con alto riesgo de caries y, por supuesto, es de vital importancia acudir, cada 6 meses, a las visitas de control con su odontólogo de confianza para obtener una valoración profesional.